massimiliano avesani

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Las obras de Massimiliano Avesani expresan inmediatamente la necesidad de una figuración controlada donde el espacio de la representación se abre a una meditación que se convierte en una reflexión metalingüística, una consideración de la propia visión, de la lógica de la representación.
En un primer momento, se trata de la mirada como acto de afirmación y de rebelión. 
Mirada que luego, inmediatamente, declina en signo. La relación, entonces, que el ojo mantiene con el gesto declina el sentido de pintar y de seguir haciéndolo en la era de la tecnología, desafiando al progreso y al hombre. Y enfrentarse al vacío del lienzo, con consternación pero con decisión, reafirmando la propia identidad, la propia presencia en la porción de mundo que habitamos y cultivamos.
En este marcar el lienzo -casi arar la tierra, dejar las huellas de su propio camino- Avesani elige una paleta deliberadamente seleccionada, casi monacal, como si concediera pocas distracciones. O, mejor aún, como si aceptara un reto de puro virtuosismo, decidiendo expresarse - si se pasa la metáfora - no como toda una orquesta cromática sino con un solo piano, aunque perfectamente afinado.
Y es en estas teclas de infinitos matices de grises y negros y de blancos y azules densos donde tiene lugar una meditación que no puede llamarse simplemente pictórica porque otros alfabetos entran en el campo, recurriendo a esa vida cotidiana tan invadida por las imágenes que ya no puede imaginarse de otro modo.
La composición permite que surja una fragmentación con sabor cinematográfico. Fotogramas de películas nunca rodadas más que en la mente, en los sueños, en el olvido, los temas emergen, permitiéndose desplazamientos temporales y temáticos como licencias poéticas del zapping televisivo. Fragmentación eficaz que refleja nuestra inevitable oscilación en un tiempo que es, narrativamente hablando, cinematográfico.
La visión, el encuadre retenido, el error condensado, el momento en el que todo puede suceder, lo inmóvil, precisamente. El misterio en síntesis. El momento del que no hay vuelta atrás y en el que, de forma casi erótica, el pincel parece perderse.
Es un ejercicio, éste, que va más allá de la mirada y abarca así la vida, el sentido de existir y suceder, de nuestro ser humano y por tanto falaz, de nuestro paso, no siempre leve, a menudo demasiado complejo. Pero siempre precioso.

 

Sonia Borsato